20/04/2026
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La Realidad es… | Benjamín Portilla

Entre el Dolor y el Miedo

La Triste Realidad

Gritos de dolor y desesperación se escuchan en todos lados. Ver la triste realidad provoca desconsuelo y desaliento, porque la gente no ve venir la ayuda. La tragedia fue mayor, y solo al bajar las aguas quedó al descubierto la realidad

Son interminables las palabras de aliento que se dan unos a otros, así como la labor de limpieza en los hogares. Nadie se detiene para descansar, solo para consolar al de al lado, pensando quizá que el otro sufre más. El tiempo pasó y nos volvió a alcanzar la tragedia, sin que hubiéramos aprendido, meditado o valorado lo sucedido. Por olvidar, la naturaleza nos volvió a recordar que cobra a su debido tiempo. Escuchar hoy las reflexiones de quienes apenas viven esta experiencia nos hace mirar atrás, recordar y ver, una vez más, la realidad.

Bien dice el refrán: “Pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla.”
Han pasado 26 años sin resultados, sin mejoras, haciendo caso omiso, dejando para después —o en el cajón del olvido— los proyectos que podrían haber mejorado la calidad de vida de los ciudadanos del ahora llamado Pueblo.

Lo “bueno”, dicen algunos, es que “solo se desbordó ligeramente el río Cazones”, pero la realidad es que el agua afectó al 40 % de la población de Poza Rica. Colonias como La Florida, Villa de las Flores, La Rueda, Gaviotas, Independencia, Lázaro Cárdenas, México, Magisterio, Laureles, Palma Sola, Benito Juárez, 27 de Septiembre, Flores Magón, Morelos, Granjas e Ignacio de la Llave sufrieron severas afectaciones.

Con ellas, también colapsó una parte importante de la economía pozarricense: dos tiendas Coppel, dos Elektra, dos Chedraui, una Soriana, Walmart, las agencias automotrices, la central de abastos, el sector de La Mina, el rastro municipal y dos mercados municipales.

Y, mientras tanto, la gobernadora minimizó la tragedia, menospreciando la inteligencia de los veracruzanos y dejando ver una soberbia que terminó por opacar la llegada de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum.
La mandataria federal se encontró con un pueblo enardecido, que no se dejó engañar ni con el anuncio de los “servidores de la nación” para levantar censos y prometer apoyos. Su respuesta fue el silencio de la indignación, el reclamo contenido de quienes lo han perdido todo. Una vez más quedó al descubierto la insensibilidad del gobierno, pero sobre todo, la falta de empatía de quien debió entender mejor el dolor de su gente… como gobernante y como mujer.

Nos leemos en la próxima.