Desde el Café
Bernardo Gutiérrez Parra
Cuando los corruptos están en la familia
Andrés Manuel López Obrador tiene una suerte diabólica para zafarse de problemas cuando hay dinero de dudosa procedencia de por medio y abandonar a su suerte a quienes fungen como intermediarios. A René Bejarano, Carlos Ímaz, Ramón Sosamontes y Eva Cadena que recibieron cientos de miles de pesos para “su movimiento”, les pagó con el olvido, los proscribió de su vida y él salió incólume.
Mientras lo pudo sostener, su discurso contra la corrupción fue su alfa y omega. El 13 de junio del 2019 firmó una misiva donde conmina a los miembros de su gabinete, a los directores de organismos paraestatales y a los burócratas del país a no permitir “bajo ninguna circunstancia la corrupción, el influyentismo, el amiguismo, el nepotismo y ninguna de esas lacras del antiguo régimen”.
En Veracruz, los que se carcajearon de su ocurrencia fueron Cuitláhuac García, su primo hermano Eleazar Guerrero, la diputada local Rosalinda Galindo y el titular de la Secretaría de Salud, Roberto Ramos Alor, sólo por mencionar algunos.
“No acepto que miembros de mi familia hagan gestiones, trámites o lleven a cabo negocios con el gobierno en su beneficio o a favor de sus ‘recomendados’. Esto incluye a mi esposa, hijos, hermanos (etc…). Ustedes no tienen la obligación de escuchar propuestas indecorosas de nadie. Y en el caso de mis familiares ni siquiera recibirlos en sus oficinas o contestarles el teléfono. Nada de nada” afirmó.
Este discurso ya no se sostiene. De hecho nunca se sostuvo. Un día antes de darlo a conocer su hijo José Ramón se reunió con el grupo parlamentario de Morena en el Congreso del Estado de México a donde fue a tirar línea por órdenes de su papi.
Y menos se sostiene ahora que otro de sus hermanos fue balconeado recibiendo dinero “para el movimiento”.
Carlos Loret de Mola, al que Andrés Manuel soñará mientras viva, mostró un video de su hermano menor Martín Jesús López Obrador, recibiendo 150 mil pesos en efectivo de David León Romero. Sí, el mismo que videograbó a Pío López Obrador mientras le entregaba una suma más o menos parecida.
La entrega de esas cantidades se hizo mensualmente durante el proceso electoral que llevó a Andrés Manuel a la Presidencia. El problema es que no fueron reportadas al INE por Morena lo que constituye un delito electoral.
Si con René, Ímaz, Sosamontes y Eva el tabasqueño fue duro, implacable y gandalla, con su hermano Pío se mostró benevolente y parcial al manifestar que lo que éste recibió fueron “aportaciones de la gente”, no como lo que recibían otros.
Partiendo de esa premisa ya puedes imaginar lector lo que dirá hoy sobre su hermano Martín Jesús a quien le dicen Martinazo.
En cuanto a David León pasó de consentido a traidor. Cuando grabó los videos era operador del gobernador de Chiapas, Manuel Velasco. Su honradez y seriedad le abrieron las puertas de la 4T y López Obrador lo nombró Coordinador Nacional de Protección Civil.
Cuando llegó la pandemia lo promovió como Director de Distribución, Abasto de Medicamentos, Medicinas y Equipos Médicos, cargo al que nunca llegó porque apareció el primer video y con eso el tabasqueño lo mandó al ostracismo.
Ve tu a saber lector si hizo esas grabaciones como protección contra futuras investigaciones, como prueba de que entregó el dinero o para venderlas en el futuro. El chiste es que se están convirtiendo en una pesadilla para el Presidente al que cada vez se le desdibuja más el discurso contra los corruptos del pasado.
Y cómo no va a ser así cuando miembros de su familia forman parte de los corruptos del presente.
bernardogup@hotmail.com
