30/05/2026
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La Realidad es… | Benjamín Portilla

“Si no estás sentado a la mesa, es porque eres parte del menú.”

Mark Carney

La política mundial ya marcó la ruta y el 2026 comenzó dejando claro que nadie quedará al margen de los reacomodos de poder. La detención, a inicios de este año, de Nicolás Maduro Morí, hoy sometido a proceso en Nueva York, no es un hecho aislado: es una señal inequívoca de que el tablero geopolítico se está reordenando sin pedir permiso.

La izquierda latinoamericana que durante años se vendió como “alternativa” hoy comienza a ser enviada, poco a poco, al basurero de la historia. Ahí está el reciente viraje político en Costa Rica, y ahí están los movimientos que se avecinan en otros países que durante décadas vivieron bajo discursos ideológicos agotados.

No es casualidad que el primer ministro canadiense Mark Carney, durante su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos, lanzara una frase que debería retumbar en todas las cancillerías del continente: quien no esté invitado y sentado a la mesa, terminará formando parte del menú. No fue retórica elegante; fue advertencia directa.

Así como vimos caer, tras más de 20 años, a la dictadura venezolana, veremos cambios profundos en Cuba, cuyos días —según palabras del presidente estadounidense Donald Trump— están contados. Sin duda, 2026 será un año que no se olvidará.

Groenlandia no se convertirá en una estrella más de la bandera de Estados Unidos, pero nadie puede negar que Washington tiene hoy una influencia determinante sobre ese territorio de Dinamarca. Lo mismo ocurre en Venezuela, lo mismo ocurrirá en Cuba… y después vendrá México.

Pensar que nuestro país está aislado de este reacomodo global es ingenuidad pura. El cambio económico mundial arrastra consigo transformaciones políticas inevitables, especialmente en el continente americano. Por eso las palabras de Carney en Davos fueron tan precisas: así se jugará la partida en los próximos meses de este 2026.

La presidenta Claudia Sheinbaum tendrá que redefinir el rumbo del país para asegurarse de que México esté sentado a la mesa y no enlistado en el menú. Eso implicará ajustes internos, decisiones incómodas y, sobre todo, revisar reformas constitucionales que hoy no necesariamente dialogan con el nuevo orden económico global.

En paralelo, ya se asoman las elecciones de 2027, donde estarán en juego 17 gubernaturas y la renovación del Congreso de la Unión: 300 diputados de mayoría relativa y 200 plurinominales, mientras el INE se mantiene —por ahora— sin cambios. Todo ello marcará el arranque real del camino hacia la sucesión presidencial de 2030.

En los distritos electorales de la región ya se siente la efervescencia. Los partidos comienzan a mostrar a sus “gallos”, midiendo arraigos, simpatías y rechazos, tanteando el ánimo ciudadano.

Será el pueblo bueno y sabio quien valore el trabajo realizado por Francisco Velásquez Vallejo en el Distrito V y por  por el Distrito VI Jaime Humberto Perez Bernabe, ambos con recorrido legislativo en sus respectivas cámaras. Han sido activos, participativos y alineados a las políticas públicas de la presidenta Sheinbaum, quien desee sustituilos en las proximas elecciones tendra que traer buen trabajo y arraigo con la ciudadania.

La gran incógnita es si esa actividad legislativa se traducirá en beneficios reales para la región. No bastan las visitas ni las fotografías: se necesita derrama económica federal, inversión que combata la falta de empleo y genere circulante fresco, más allá del que hoy depende de sectores sindicalizados —petroleros, maestros, electricistas— que ya no crecen y ya no sostienen a la ciudad.

Los cambios están en puerta.

La mesa ya está puesta.

Habrá que ver quién se sienta… y quién termina servido.

Nos leemos en la próxima.