La Realidad es… | Benjamín Portilla
“Pan y circo” (panem et circenses) es una célebre frase del poeta romano Juvenal que describe la estrategia política de mantener al pueblo sumiso y distraído mediante la satisfacción de necesidades básicas —el pan— y el entretenimiento masivo —el circo—. Una táctica utilizada para evitar la protesta social y el cuestionamiento del poder.
La crítica realizada en su momento por Juvenal señalaba cómo la ciudadanía romana, antes activa políticamente, terminó convertida en una sociedad pasiva, interesada únicamente en el alimento y los espectáculos. Y es precisamente lo que, sin lugar a dudas, hoy ocurre en el municipio de Tihuatlán.
La muestra palpable está en las constantes publicaciones realizadas desde el perfil personal de Raúl Hernández Gallardo, quien, de viva voz, ha sostenido que es una persona popular en el municipio y que por ello llegó, por segunda ocasión, a la presidencia municipal.
Sin embargo, parece haber quedado atrapado en las promesas de campaña que alguna vez pronunció y que hoy han quedado en el olvido. Su administración únicamente ha repetido la fórmula política creada en su momento por Gregorio Gómez Martínez. Han pasado ya tres periodos desde el gobierno de Goyo Gómez y queda claro que tanto Leonardo Gómez González como Raúl Hernández Gallardo solamente se han convertido en ecos de un modelo agotado, repitiendo lo que alguna vez fue novedad, pero sin aportar absolutamente nada nuevo al desarrollo del municipio.
Lo verdaderamente preocupante es que no existe una atención real a las necesidades de la población. Se privilegian las obras de relumbrón, las fotografías y la propaganda, mientras permanecen abandonados problemas que sí representan un riesgo para los ciudadanos, como los dos socavones ubicados en un tramo carretero perteneciente a Tihuatlán, los cuales ponen diariamente en peligro a quienes transitan por esa zona.
Porque mientras al pueblo se le entretiene con circo, la realidad continúa hundiéndose bajo sus propios pies.
