20/04/2026
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Ciudad de México / Juan Bustillos

No se trata de defender a El Universal y a Juan Francisco Ealy Ortiz; no lo necesitan y, en todo caso, saben cómo hacerlo y les sobran recursos. El tema es atajar las agresiones que desde el púlpito de las mañaneras en el Palacio Nacional se hacen casi a diario al periodismo y a periodistas con cualquier pretexto, en ocasiones sin venir al caso, sin argumentos y generalmente faltando a la verdad.
El presidente López Obrador hablaba ayer de la vacuna contra el coronavirus ya contratada con Pfizer y de otras, y prometió que el martes 8, el secretario de Salud, Jorge Alcocer, y su segundo, al menos formalmente, Hugo López Gatell, presentarían el plan para distribuirlas y aplicarlas.
Nada fuera de lo normal, pero algo se salió del guion. Quizás Jesús Ramírez Cuevas no previó que la reportera que hablaba con el presidente insistiera en la contradicción entre lo que le dice el subsecretario de Salud sobre lo prescindible del cubrebocas, y la campaña de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, que ha hecho una campaña «muy fuerte”, dijo la periodista, sobre su uso para prevenir los contagios.
Después de decirle que él algo ha hecho muy bien porque no se ha contagiado, pero “¿este mensaje de que usted diga que no es indispensable contra el mensaje del gobierno de la ciudad de usar cubrebocas no es una contradicción que a la gente no le ayuda?”
López Obrador ofreció las explicaciones que ya conocemos – “cada quien es libre… el que quiera ponerse el cubrebocas y sentirse más seguro lo puede hacer, yo no lo estoy impidiendo”–, pero la reportera le cerró las salidas y lo llevó a su terreno, lo que no es usual en las mañaneras.
Para salir del terreno minado –la contradicción entre la prédica de López Gatell y la campaña de Shienbaum–, López Obrador habló por enésima ocasión de que los políticos no son todólogos y que él hace caso a los especialistas, es decir al secretario y al subsecretario de Salud.
Refirió las precauciones que toma, lavado de manos, pruebas constantes, “para estar seguro de que no voy a perjudicar a nadie, que no voy a contaminar o infectar a nadie”, es decir, lo que cada ciudadano puede hacer.
Y así llegó a una de sus premisas favoritas: el respeto de su gobierno a la libertad “porque a muchos le sale el afán autoritario … nosotros cobramos cada 15 días, hay gente que vive de lo que obtiene en la calle, entonces hay que ponerse también en los zapatos de la gente”.
Pero la reportera no cejaba. Más que preguntar, comentó que “Aquí el Centro (de la Ciudad de México) está lleno de gente, porque la gente necesita vivir”.
Fue entonces que López Obrador regresó a los terrenos que mas le gustan: “nosotros cobramos cada 15 días … hay gente que vive de lo que obtiene en la calle, entonces hay que ponerse también en los zapatos de la gente… hay que hacerle la recomendación a la gente que se sigue buscando la vida, porque eso es legítimo, pero al mismo tiempo que pueda cuidarse; y lo han hecho, la gente hace caso, pero no ‘A ver, se me guardan y no salen, y va a haber toque de queda’ y otras cosas, excesos de autoridad, abusos de autoridad. El poder no es prepotencia, es humildad y es convencer, no imponer”.
Y entonces se tiró a matar: “si se tratara de manifestaciones en contra de nosotros (“nuestros adversarios”) no cuestionarían que no se deben de hacer esos actos. ¿Ustedes creen que va a salir un articulista de El Universal o una nota de El Universal o del Reforma o de cualquier otro medio a decir que está mal que estén los de Frenaaa protestando en grupo o las manifestaciones de Frenaaa?, ¿han cuestionado eso? No, nadie, nadie; al contrario, las estimulan, El Universal y El Reforma y todos estos medios conservadores”.
Y al estilo cotidiano, olvidó el coronavirus y ya no hubo manera de regresarlo: “El Universal, con una vileza muy característica del hampa del periodismo, hace poco dieron a conocer que se le perseguía o se le expiaba al señor de Frenaaa”.
Se refirió el Presidente a un reportaje de El Universal sobre espionaje gubernamental al líder del Frenaaa 1, Gilberto Lozano, y a la respuesta de éste, vía video, en el sentido de su compra de un fideicomiso con la finalidad de, si a él y a su familia los rasguña (el gobierno), “acabarían conmigo y con toda mi familia, y que ya sabe dónde vivo”, se quejó López Obrador.
La “vileza” del periódico de Juan Francisco, consistiría en haber publicado el 26 de noviembre pasado la aceptación del Centro Nacional de Inteligencia de espiar a Lozano.
Los reporteros Pedro Villa y Caña y Alberto Morales relataron que a su petición de información sobre el seguimiento que el CNI mantiene sobre Lozano, recibió la respuesta oficial de estar “reservada por seguridad nacional” y por considerar que “su divulgación pública pone en riesgo la seguridad nacional” por lo cual será imposible conocerla hasta 2025, es decir, un año después de finalizar el sexenio de López Obrador.
El organismo que dirige el general Audomaro Martínez Zapata tiene sus razones: “la publicidad de la información clasificada como reservada revelaría tareas realizadas en la generación de inteligencia (…) Hacer pública la información podría mermar la eficiencia del sistema de investigación y procesamiento de información que opera el CNI, lesionando la oportunidad y discreción creando ventanas de vulnerabilidad a bienes jurídicos tutelados, como la permanencia de la gobernabilidad democrática”.
A partir de esta respuesta oficial del CNI, no hay manera de que el Presidente pueda negar que Lozano es espiado a la manera y por las mismas razones que lo hizo el CISEN en la etapa neoliberal y antes lo hacía la Dirección Federal de Seguridad.
Si el dirigente del Frenaaa 1 reaccionó amenazando al mandatario y a su familia con la contratación de un “grupo de élite” para “acabar” con quien sea, si él y su familia sufren algún rasguño, es su problema y López Obrador puede y debe acudir a la autoridad a denunciar la amenaza, pero no puede evitar que la prensa y las redes sociales reproduzcan las palabras e imagen del actor político a quien el fanatismo lo ha llevado a la desmesura porque también se siente amedrentado.
Tampoco puede el presidente afirmar que El Universal montó y armó la estrategia que calificó de “perversa”.
El CNI hizo lo que según la 4T ya no se hace, espía; Gilberto Lozano reaccionó con desmesura, más para conseguir el aplauso de las gradas, que por temor; el presidente usó su repertorio favorito de calificativos para salir del apuro que lo metió la reportera por las contradicciones entre Sehinbaum y López Gatell, y El Universal se concretó a hacer periodismo aprovechando la ingenua y neoliberal respuesta del CNI a su petición de información.