La Realidad es… | Benjamín Portilla
Mientras la ciudadanía sigue esperando respuestas a los problemas que realmente afectan su vida cotidiana, la oposición parece más preocupada por reconstruirse que por reconstruir la confianza perdida. Algunos se autoproclaman “la nueva política”, aunque reciclan los mismos rostros y las mismas prácticas; otros intentan revivir partidos que la sociedad ya envió al archivo de la historia, y no faltan quienes creen que la mejor estrategia para ganar militantes es repartir promesas de futuros cargos públicos. Los partidos de reciente creación, por su parte, siguen apostando por la fórmula más antigua: descalificar al gobierno en turno sin ofrecer una sola alternativa viable.
Criticar siempre será más sencillo que proponer. Lo difícil es presentar soluciones serias, caminar las colonias, escuchar a la gente y entender que la confianza ciudadana no se recupera con discursos ni conferencias de prensa, sino con resultados.
El problema es que algunos ya comenzaron la carrera rumbo a 2027… sin haber terminado siquiera la que les confiaron los ciudadanos.
Esta es la realidad que se vive en todos los distritos y Poza Rica es quizá el mejor ejemplo, han pasado apenas ocho meses desde una de las inundaciones más severas que ha vivido la ciudad y miles de familias siguen intentando recuperar lo perdido. Hay calles que todavía muestran las cicatrices del desastre y hogares donde la recuperación económica simplemente no ha llegado. Sin embargo, para varios integrantes del Cabildo, la prioridad parece ser otra: construir su próxima candidatura.
Resulta curioso observar cómo algunos funcionarios, con muy pocas horas de vuelo en el servicio público, ya se ven despachando desde una oficina más grande. Apenas comienzan a entender el cargo que hoy ocupan y ya se promocionan para el siguiente. Confunden la función pública con una escalera política donde lo importante no es servir, sino subir.
Lo paradójico es que muchos actúan como si las candidaturas dependieran exclusivamente de su activismo personal, cuando la realidad política mexicana sigue funcionando bajo una lógica muy distinta. Las decisiones continúan tomándose, en buena medida, desde las cúpulas partidistas. Ahí, donde el trabajo territorial suele pesar menos que las negociaciones; donde la lealtad al grupo vale más que el respaldo ciudadano; y donde las planillas se integran pensando en cuotas, acuerdos y equilibrios internos antes que en la capacidad de representar a la sociedad.
Porque al final, para muchos partidos, lo verdaderamente importante no es quién gobierna mejor un municipio. Lo importante es conservar el registro, sumar votos suficientes para asegurar diputaciones plurinominales, mantener bancadas y prolongar la permanencia de los mismos grupos en el poder. La ciudadanía termina siendo un instrumento electoral que se busca cada tres años y se olvida al día siguiente de la elección.
La política debería comenzar escuchando a la gente. Pero, con demasiada frecuencia, empieza en una oficina donde unos cuantos deciden quién será “el elegido” o “la elegida”, sin importar el arraigo, el trabajo comunitario o el reconocimiento social.
Y mientras unos ya reparten candidaturas imaginarias…
La ciudad sigue esperando que resuelvan los asuntos de seguridad, empleo, salud y vivienda mientras monitorean el caudal del rio cazones de día y de noche…
Porque la realidad es… que, para muchos políticos, el pueblo siempre aparece en el discurso… pero casi nunca en las prioridades. Nos leemos en la próxima.
