¡Ahí viene la crisis fiscal de fin de sexenio y la severa caída del PIB!

 

>>Producto de la enorme dilapidación del tesoro nacional en las fracasadas obras del AIFA, Dos Bocas, Tren Maya y programas sociales electorales * Hay tiro para la elección presidencial: Si es Adán Augusto, hay riesgo de perder; Claudia no es garantía de triunfo… y si hacen a un lado a Ebrard, hay peligro de cisma lopezobradorismo con el apoyo de Monreal, que con MC y la oposición pueden mandar al carajo a Morena

 

Ciudad  de México  /Roberto  Domínguez  Cortes

Cuando en 1972 don Daniel Cosío Villegas escribió su obra “El sistema político mexicano”, el peso político y electoral del PRI era absoluto.

En esencia el PRI era el Estado mexicano. El PRI y el gobierno preparaban las elecciones, el secretario de Gobernación era el presidente de la Comisión Federal Electoral y la última instancia para decidir quién había ganado o perdido una elección.

El PRI y el gobierno hacían el escrutinio de los votos y tomaban muy en serio el viejo adagio de que “el que cuenta los votos gana”. Esa sentencia breve y lapidaria tenía sustento. Hasta esa fecha y llegado 1989, el PRI, desde 1929, había ganado 11 elecciones presidenciales, todas las gubernaturas de los estados y todos los escaños en el Senado de la República, en tanto el PAN apenas disponía de 20 diputados de partido en el Congreso de la Unión.

Bajo ese sombrío panorama de nula oposición, Cosío Villegas se preguntaba: “¿Podría esperarse que en el futuro próximo surgiera un nuevo partido que pudiera contener el poder desmesurado del Presidente de la República y del partido oficial?”. Y simultáneamente se contestaba el historiador y politólogo: “Es más que dudoso aceptar semejante supuesto, no sólo porque las leyes electorales han sido ideadas para impedirlo, sino porque no se vislumbran los hombres y las ideas que podrían acometer una tarea tan ingrata como estéril”.

Ante tal interrogante, premonitorio concluía el escritor: “De todos modos, si alguna vez surgiera ese nuevo partido, sería un desgajamiento del PRI y no algo ajeno a él”. La profecía se cumplió. En 1988 surgió dentro del PRI una corriente democrática abanderada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez. El propósito era democratizar la designación del candidato a la Presidencia de la República, ante la evidencia de que el Presidente Miguel de la Madrid preparaba la imposición de Carlos Salinas de Gortari.

Cuauhtémoc Cárdenas arrasó con el candidato presidencial del PRI, pero le fue arrebatado el triunfo. Sin embargo, ese hecho cambió para siempre la historia de México. Para legitimar su espurio triunfo, el derrotado Presidente Salinas, bajo la figura de la concertacesión, hubo de entregar las primeras gubernaturas al PAN: Ernesto Ruffo Appel en Baja California y Carlos Medina Plasencia en Guanajuato.

 

La primera severa llamada al PRI de su debacle fue el asesinato en 1994 de su candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta.

La repercusión del homicidio, o magnicidio, se reflejó en 1997, cuando el PRI tuvo su segunda gran llamada al perder por primera vez la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y el diputado perredista de oposición, Porfirio Muñoz Ledo, contestaba por primera vez un informe presidencial.

La tercera llamada era la premonición de Mauricio González de la Garza en su libro “Ultima Llamada”, en el que auguraba la caída definitiva del PRI. El PAN con Vicente Fox y Felipe Calderón ascendía a la Presidencia de la República.

En 2012, el PRI recuperó momentáneamente el poder con Enrique Peña Nieto. Los siete puntos de ventaja sobre Andrés Manuel López Obrador fueron producto de la operación política de los 19 gobernadores priístas que en connivencia asaltaron las urnas para darle el triunfo al candidato del tricolor.

Sólo que durante la presidencia del mexiquense, en 2016 el PRI perdió 7 de las 12 gubernatura en disputa, lo que forzó a la renuncia de su dirigente Manlio Fabio Beltrones. Era el anticipo de la derrota del PRI en la elección presidencial del 2018. El electorado cobraba en las urnas la falta de políticas públicas adecuadas, la enorme corrupción y la nula rendición de cuentas de facinerosos de la política en funciones de gobernador.

Contribuyeron a esa estrepitosa caída los hoy reos Javier Duarte en Veracruz, el saqueo de Roberto Borge en Quintana Roo como el estado más endeudado por persona en el país y los atracos del ahora extraditado César Duarte de Chihuahua, terminaron por fulminar al PRI en el 2022.

Cada vez más el PRI pierde presencia en la nueva distribución geográfica del poder. A pesar de la derrota del 2016, Manlio Fabio Beltrones dejó en poder del tricolor 15 gobiernos estatales, en contraste con las únicas tres gubernaturas -Estado de México, Coahuila y Durango- que hoy mantiene como símbolo precario de lo que podría ser la elección del 2024.

Durante la presidencia de Alejandro Moreno Cárdenas, el antiguo poderoso Partido de Estado ha perdido 9 de las 11 gubernaturas, lo que ha valido a su dirigente severas críticas de sus correligionarios. Una de ellas es la de Roberto Madrazo sin autoridad política ni moral para opinar. El ex dirigente del PRI nacional perdió, en el 2006, frente a Felipe Calderón, al alcanzar apenas un raquítico resultado de 22 puntos porcentuales, en una de las más graves derrotas del PRI frente a la oposición.

Así, los resultados adversos del PRI en este 2022 no son producto de los últimos años en la lucha política. Son largos periodos de errores, corrupción, autoritarismo y la traición de sus propios militantes, como cuando en 2006, 13 gobernadores del PRI, liderados por Elba Esther Gordillo, operaron en favor de Felipe Calderón. Y hoy se repite la traición con Alejandro Murat en Oaxaca y en Hidalgo con el bufón Omar Fayad.

No es cierto que la elección del 2022 y las 22 gubernaturas en poder de Morena ya definieron la elección presidencial del 2024. La enorme dilapidación del tesoro nacional en las fracasadas obras del aeropuerto Felipe Ángeles, la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y los programas sociales electorales anuncian una crisis fiscal de fin de sexenio y una severa caída en el Producto Interno Bruto encaminados a traer más desempleo y pobreza a los mexicanos se reflejarán en las urnas.

Falta también por decidir al candidato de Morena.  Las encuestas dentro del partido en el poder otorgan a Claudia Sheinbaum el 30 por ciento de las preferencias de sus correligionarios, a Marcelo Ebrard casi empatado con ese mismo porcentaje, Adán Augusto López apenas tiene el 5 por ciento, en tanto que Ricardo Monreal, sin ser de los favoritos, por propio mérito tiene el 10 por ciento de la intención del voto morenista.

Pareciera que Morena seguirá el mismo camino del PRI al propiciarse un desgajamiento como lo vaticinó Cosío Villegas.  Si López Obrador intenta imponer a López Hernández, corre el enorme riesgo de perder ante el candidato opositor. La Sheinbaum ya no es garantía de triunfo. En la elección del 2021 perdió la mitad de las alcaldías de la Ciudad de México. Si en su propio feudo sufrió una severa derrota, en el resto del país terminará por desaparecer de la política mexicana.

Si Sheinbaum y Adán López resultaran beneficiados con la decisión de López Obrador, ambos se someterían a la voluntad presidencial, cuando que siempre compiten al comportarse como los más serviles al Presidente.

No así Marcelo Ebrard que podría provocar un cisma dentro del lopezobradorismo si no resulta beneficiado como candidato, y con el apoyo de Ricardo Monreal dividirían a las huestes de López Obrador en favor de la oposición a la que hoy minimizan como derrotada.

Y desde luego, la Presidencia de la República no se gana con los 22 estados que hoy gobierna Morena. Son definitorios la Ciudad de México, el Estado de México, Veracruz, Nuevo León, Jalisco y Chiapas. Y si Movimiento Ciudadano se incorpora a la Alianza, el triunfo para Morena se complica en grado extremo. Ampliaremos…

 

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